CUESTIÓN DE EQUILIBRIO

   El aleteo de una mariposa en Brasil

puede ocasionar un tornado en Finlandia.


Teoría del Caos








El ratón y el conejo, los famosos detectives de la isla de Margarita, Venezuela, habían establecido su centro de operaciones en la laguna de La Restinga. Su misión: averiguar por qué, año tras año, disminuía la población de Ñangaritos, unos loritos parlanchines que viven en el manglar de la laguna.


Consultando su libro de notas el ratón dijo:

-Deberíamos estudiar sus hábitos, saber, por ejemplo, qué comen. 

-Buena idea, -dijo el conejo- porque quizás la acción de los humanos acabó con las semillas o frutos de los cuales se alimentan.

Un gavilán, con mucha seguridad dijo:

Ellos se alimentan del fruto de los cardones; afortunadamente los humanos no han acabado con los cardonales; ése no es el problema.

-¿Qué nos aconseja, señor gavilán? –preguntó el conejo.

-En el pueblo hay un niño que se comunica con los animales. Hablen con él. 

Y dicho esto, el gavilán desplegó sus alas y echó a volar.


Inmediatamente el ratón, a toda velocidad, salió rumbo al pueblo. El conejo, mucho más lento, salió en la misma dirección.


Al llegar al pueblo fueron recibidos por una nube de mosquitos, tantos, que la gente quemaba ramas secas en sus patios para ahuyentarlos con el humo. 


En medio de la humareda el conejo se acercó a un grupo de niños y niñas: 

-Disculpen, ¿alguno de ustedes habla con los animales?

Divertidos con los brincos del conejo, el grupo se le acercó sonriendo, pero al ver que detrás suyo había un ratón, todos salieron despavoridos; todos menos Claudis, una niña que estaba en su hamaca y que del susto, casi se desmaya.


El ratón fue a esconderse mientras el conejo movía rápidamente las orejas frente a la niña para echarle aire y reanimarla. 

Cuando Claudis reaccionó, sacando apenas la cabeza de la hamaca dijo: 

-¡Ay! Creo que  comí muchos mangos verdes: hace un momento me pareció que este conejo me hablaba. 

El conejo, bajando las orejas apenado dijo:

-Lamento haberte asustado…

La niña abrió más grande aún sus ojos, y…

-¡No, no, no, no te desmayes –dijo el conejo- necesito hacerte unas preguntas. 

Mirando fijo al conejo, la niña dijo:

-¿Tú…, tú me hablas a mí?

-Sí, a ti. Me llamo Zacarías, ¡mucho gusto! 

Desde su escondite el ratón preguntó si podía salir. 

-¿Él…, él también  habla? –preguntó Claudis.  

Asomando la cabeza el ratón explicó que todos los animales hablan.

Claudis, mirando a uno y a otro balbuceó:

-Espérenme aquí, ya vengo-, y saltando de la hamaca se fue corriendo.


El ratón y el conejo se preguntaron si de verdad la niña regresaría. 


En eso ven que Claudis viene acompañada de un niño de unos trece o catorce años al que presentó así:

-Él es mi amigo Pedrito; dice que su perro, Salomón, habla con él. 

El ratón y el conejo saludaron a Pedrito, quien, sin mostrarse sorprendido, devolvió el saludo y agregó:

-Me dice Claudis que necesitan hablar conmigo. 

-Si, sí, estamos averiguando por qué cada vez hay menos Ñangaritos en el manglar.

Mirando fijamente al ratón, con cierta malicia Pedrito preguntó: 

-Quisiera saber cuál es tu interés en este caso.

El ratón comprendió perfectamente las sospechas de Pedrito. 

-Veo que sabes que nosotros –dijo el ratón- comemos huevos de Ñangarito.

Como el rostro de Pedrito seguía mostrando desconfianza, el conejo creyó oportuno aclarar la situación:

-Pedrito, es verdad que los ratones comen huevos de ñangaritos, pero puedo asegurarte que el interés del ratón no se centra en los huevos sino en averiguar por qué los Ñangaritos están en vías de extinción.

Pedrito, convencido explicó:

-Los Ñangaritos son muy buscados porque imitan las voces de los humanos; algunas personas pagan mucho dinero por un ejemplar.

Dicho esto, pidió a los detectives que le siguieran. 

Cruzaron el pueblecito y al final de la playa llegaron a una casona con un amplio corredor. Al asomarse, vieron las jaulas…


Eran tres y había un Ñangarito en cada una de ellas. 

El ratón tuvo el impulso de ir a dejarles en libertad, pero Pedrito le detuvo.

-De nada sirve, amigo, ellos ya no pueden volar; en las jaulas se les atrofian músculos y tendones…, están condenados a ser presos de por vida.

A Claudis se le llenaron los ojos de lágrimas mientras uno de los Ñangaritos repetía “presos de por vida”, “presos de por vida”.

-No entiendo a los humanos -dijo el ratón en un suspiro- maltratan a los animales, incluso a los que dicen querer.

-A veces los humanos hacen cosas que les perjudican mucho. –dijo el conejo.

-¿Qué quieres decir? -Preguntó Pedrito.

-Quiero decir que creo que los humanos son los responsables de la plaga de zancudos porque…

Antes de que pudiera terminar la frase, apareció doña Carmen, la dueña de casa. Rápidamente el ratón se escondió detrás de un matero. 


- Claudis, Pedrito ¡qué sorpresa! –dijo doña Carmen- y acercándose al conejo exclamó:

-¡Oh, qué hermoso! ¿Claudis, es tu mascota?



Por miedo a que doña Carmen quisiera encerrar al conejo en una jaula, Claudis respondió:


-Doña Carmen, tengo que irme. – y se fue corriendo con Zacarías en brazos. 


-Pero, ¿qué le pasa a esta niña? –preguntó extrañada doña Carmen.

-¡Ay, doña Carmen! –dijo Pedrito- ¿quién entiende a las mujeres…? Voy a acompañarla. -y aprovechó para ir tras los pasos de su amiga. 

El ratón se pegó a sus talones y no pararon hasta llegar a casa de Claudis, que charlaba amigablemente con Zacarías a la sombra de un frondoso Guayacán.

Una vez recuperado el aliento, el ratón, sacando un mapa de la laguna dijo:

-Pedrito, imagino que conoces bien el manglar.

-Sí; de hecho, es uno de mis lugares favoritos.

-Entonces, ¿aceptarías ser nuestro guía? Necesitamos investigar “in situ” qué es lo que está ocurriendo.

Pedrito aceptó complacido. 

El grupo, al ver que se acercaba la noche, propuso reunirse al día siguiente, a las 06:00 AM. en la entrada del manglar.


Al día siguiente, a las 06:00 AM. en punto, ya todos estaban en la laguna, y cinco minutos más tarde entraron al manglar.


La música creada por la brisa enredada en el follaje de los mangles, las estrellas de mar y los hipocampos bajo el agua, eran un espectáculo tan sobrecogedor que los cuatro amigos quedaron sumidos en un profundo y respetuoso silencio. 


Al cabo de un momento, guiados por Pedrito ingresaron al manglar.


-Los nidos de los Ñangaritos están en los huecos que se forman en el mangle negro–explicó Pedrito. -Los cazadores furtivos vienen y marcan el lugar; luego, cuando hay huevitos, anotan la cantidad en cada nido. Ellos saben que a los 28 días nacen los pichones y que a los 62 días comienzan a volar.

-¿El robo es antes de que comiencen a volar?

-Sí, –dijo Pedrito con tristeza- a los pocos días de nacer los ponen en jaulas y quedan presos para siempre. 

Otra vez a Claudis se le llenaron los ojos de lágrimas.


-El ratón descubrió un nido. Al acercarse vieron que estaba abandonado. Al lado había otro nido, pero tenía la entrada obstruida con fango.

-¿Quién tapa los nidos, y por qué? –Preguntó el conejo.

-La gente del pueblo; –dijo Pedrito- y explicó que es porque los murciélagos hacen sus nidos en los que abandonan los ñangaritos: la gente los tapa para evitar que los murciélagos aniden y se reproduzcan. 

Entonces, el conejo dando tres brincos dijo:

-¡Eso es, eso es lo que pasa! 

Todos le miraron sin entender, pero Pedrito, golpeándose la frente dijo:

-¡Claro! ¿Cómo no me di cuenta antes, por qué no lo pensé? 

- ¿Pensar qué? -Preguntó Claudis. 

-Que la plaga de mosquitos que hay en el pueblo se debe a que están eliminando a los murciélagos.

Como Claudis no terminaba de entender, explicó:

-Los murciélagos son insectívoros; al no haber suficientes murciélagos alimentándose de insectos, se rompe el equilibrio natural y los zancudos se convierten en plaga. Creo que eso es lo que el conejo Zacarías iba a decir cuando la aparición de la señora Carmen le interrumpió.

-Así es -dijo el conejo- cuestión de equilibrio, pura cuestión de equilibrio. 

-Caso resuelto, –dijo el ratón- pero aún queda por resolver por qué cada vez hay menos Ñangaritos.

-Tengo un plan, -dijo Pedrito- pero necesito mucha ayuda, y desplegando un mapa de la laguna explicó:

-Deberíamos dividir el manglar en sectores y organizar grupos de voluntarios para proteger los nidos.  

-Los voluntarios podrían ser los niños y niñas del pueblo. -Dijo Claudis.

-¿Y qué pasa si los cazadores vienen de noche? -Preguntó el conejo.

-En ese caso…, pediremos a nuestros padres y a los padres de nuestros amig@s que se sumen al grupo.


La idea gustó mucho y de inmediato la pusieron en practica.


Al cabo de un tiempo, con muchos niños, niñas, adolescentes y adultos cuidando los nidos, los Ñangaritos comenzaron a surcar nuevamente el cielo de la laguna, y el manglar, poco a poco recobró su antigua y bulliciosa vida. 


La acción de vigilancia coordinada fue un éxito hasta que los saqueadores identificaron los sitios menos protegidos, y, aunque en menor escala, el robo de pichones comenzó nuevamente. 


Entonces Pedrito, dando muestras de desprendimiento y creatividad, con las puertas de su casa, y desarmando su propia cama, construyó un bote al que bautizaron con el justo nombre de “retazos”.  

La gente del pueblo, solidarios con el grupo, donó un motor para el “retazos” que ahora podía moverse con rapidez y perseguir y amedrentar a los saqueadores. 

El robo disminuyó de tal manera que el grupo de voluntarios, con Pedrito a la cabeza, logró lo que para muchos era un imposible: evitar la desaparición de esta hermosa especie, y devolverles su hábitat y libertad. 


Aclarado el misterio, el ratón y el conejo dieron por cerrado el caso y fueron a despedirse de Claudis, de Pedrito y del grupo de voluntarios.


El conejo, aprovechando la reunión dijo:

-Por favor, expliquen a la gente del pueblo que no deben romper el equilibrio que la naturaleza tan sabiamente ha establecido. 

Y el ratón, con la voz quebrada agregó:

Recuérdenles también que un pájaro en una jaula es un prisionero, un ser inocente privado de su libertad de por vida.


Cuando el sol, entrando al mar teñía el cielo de rojos, de naranjas, de violetas y azules, los detectives iniciaron el camino de regreso a casa.


Esa noche, un cielo estrellado iluminó al majestuoso manglar, que despertó con las primeras luces del día y con la alegre gritería de los Ñangaritos que volaban libres sobre el cielo del manglar.







NOTA 1:

Este cuento se basa en hechos reales y es un homenaje al Guarda Parque  Pedro Fidel Vásquez y a las autoridades de los distintos entes gubernamentales que apoyaron el operativo. Él es el “Pedrito” de esta historia, y fueron los niños y niñas de la Laguna de la Restinga los voluntarios mencionados en el relato, y fueron las puertas de su casa y su propia cama las que aportaron la madra para construir el hoy famoso “retazos”


NOTA 2:

El relato pretende ser un llamado de atención para aquellas personas que por apreciar el colorido de un pájaro, o por disfrutar de su canto o parloteo, les encierran en una jaula y les condenan a vivir alejados de los cielos, de su grupo, y de la misión de vida que el universo y la naturaleza les ha asignado.


Recordemos: si nadie compra pájaros acabará el saqueo de nidos y el tráfico ilegal de especies silvestres. Parte la solución a la disminución y extinción de especies está en nuestras manos.







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