El Rosado Reflejo del Viento
A la Laguna del Morro —la que algunos siguen llamando Blanca— le gustaba despertarse con el aleteo de los flamencos al ras del agua: ese rumor rosado y tenue como si la laguna respirara.
Le gustaba ver a las garzas alzar vuelo desde los manglares; ver a los pelícanos buscando su primer pez… Le gustaba percibir el susurro de algunos kayaks deslizándose sobre sus aguas mansas.
La laguna, ese equilibrio perfecto, ese tesoro natural de valor incalculable, ya encontró quien tasara su precio en la balanza del negocio:
—Acá va la primera cancha de pádel. Acá la segunda. Y acá el estacionamiento —dijo uno, marcando con tiza ese suelo que durante siglos fue salitre, fue millones de bacterias y micro algas que en silencio convierten el agua en alimento para los flamencos, el sostén invisible de toda la vida que allí descansa.
—Vamos a traer turismo, desarrollo! —agregó otro, midiendo con pasos la distancia entre el manglar y la futura tienda de alquiler de equipos y venta de bebidas y souvenirs.
Nadie pensó en los flamencos intentando filtrar el barro en medio del estruendo de las excavadoras. Nadie pensó que las garzas no tolerarían el “tac-tac” incansable de las paletas contra la pelota.
Nadie calculó que, cuando las luces led de las canchas se encendieran hasta la noche, las aves migratorias dejarían de hacer escala en ese humedal protegido.
Entonces ocurrió que una mañana, cuando las máquinas rompieron el silencio, los flamencos levantaron vuelo sin orden de despegue, las garzas se perdieron hacia el oriente, y los pelícanos, desconcertados, desaparecieron para siempre.
A los pocos meses, la laguna amanecía con otro sonido. “Tac. Tac. Tac.”, el sonido de la pelotita de caucho y fieltro contra la paleta. “Tac. Tac. Tac.”, y pasos en seco sobre la superficie sintética.
Y de fondo, apenas perceptible, como una memoria que se niega a extinguirse, el último flamenco que todavía cree que el agua salobre va a recuperar su calma.
Unos pocos, los reyes del negocio, festejaron calculando sus ganancias.
Alguien, dueño de soberbia estupidez dijo:
—Mira lo que hicimos en lo que antes era un pantano lleno de bichos.
Nota 1:
Esto que estás leyendo, no es un cuento, es algo que está ocurriendo en este momento en Margarita, y tu con tu firma tienes el poder de detenerlo.
Nota 2: en poco tiempo miles de firmas se sumaron a los reclamos presentados a las autoridades competentes. De momento se han detenido los trabajo (trabajos? o egoísta y ciega destrucción?
GRACIAS A TODOS Y TODAS QUIENES SUMARON SU VOZ A TRAVÉS DE SU FIRMA
Por encima de colores, de diferencias, de distancias, esta causa nos unió. Porque la Laguna del Morro no es de un lado ni de otro: es de los flamencos, de los pelícanos, de los kayaks, del salitre que guarda una vida invisible y valiosa.
Es un hermoso recordatorio de que, cuando queremos, sabemos encontrarnos


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